Para el administrador, el público
que visita esta picada a inicios del siglo XXI es más variado: "Aquí
vienen muchas personalidades políticas y sociales, pero lo que yo más destaco
es la gente que viene generalmente a comer o a servirse algún pipeño o vino
tinto". Y efectivamente, es uno de los pocos bares de la capital chilena
donde aún se pueden reunir simultáneamente, poetas, músicos, obreros,
estudiantes, oficinistas, profesionales, políticos y gente de la farándula.
También se ha convertido en un centro de eventos culturales y hasta en
plataforma para el lanzamiento de candidaturas políticas.
En mayo de 2003, el entonces
alcalde de Santiago, Joaquín Lavín, anunció su intención de recuperar la
tradición santiaguina de ir a tomarse un vaso de pipeño a La Piojera con las
autoridades navales participantes del desfile capitalino por el Combate Naval
de Iquique en el barrio Mapocho. El bar se ha transformado en lugar de
encuentro y casi máximo referente de los partidarios de la denominada cultura
guachaca.

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